
Ya sea por naturaleza gregaria, complacencia, ó cualesquiera sean los fines que nos motiven, la integración en sociedad es tan necesaria como cada uno de los elementos que mantiene activa nuestra naturaleza orgánica; esto incluye una serie de conveniencias, protocolos y/o acuerdos tácitos entre todos los involucrados dentro de cada célula de ese gran conjunto, que implica el acatamiento de una serie de parámetros, donde la aceptación de los demás miembros es imprescindible para ser "admitido" y puede llevar a un individuo a tomar como valederas, resoluciones que por conciencia propia quiere desestimar. Cuando éste cumple con todos estos requerimientos, finalmente es aceptado como parte de dicha célula de la sociedad.
Cuando queremos pertenecer a un conjunto, ciertamente es más factible adaptarnos a su realidad a esperar que el mismo se adapte a uno; sin embargo, muchas veces encontramos en éste ciertas conveniencias, las cuales en el fondo, sentimos que simplemente no nos "convienen", ni como individuos ni como conjunto, pero que igualmente siguen siendo aceptadas como valederas por temor a ser rechazados al proponer en solitario algo diferente, ya que bien es sabida la seguridad que dá la naturaleza rutinaria a todos los animales (el neocortex no nos hace la excepción).
Sin embargo, la adaptación a una célula de la sociedad,nos hace cómplices y co-partícipes de cada una de las acciones que se generan dentro de la misma. Por tanto, el simple hecho de formar parte de ese ente nos convierte en co-responsables de las acciones y reacciones que se generen velis nolis.
A título personal, no creo que existan, literalmente, "inadaptados sociales" (término erróneamente empleado para designar a los miembros del hampa común, por cierto). Simplemente, muchas veces los individuos no se sienten a gusto dentro de una célula del conjunto por incompatibilidad de la mayoría de sus preceptos. Esto no le convierte en un ser antigregario, sino que simplemente debe elegir entre alinearse a esos parámetros de modo práctico ó migrar a otra célula del núcleo donde se sienta más cómodo. Y si algo sí está claro, es que "de todo hay en la viña del Señor".
Quizás nace de una reflexión que viene rondando mi mente hace una cierta cantidad de años. Ó tal vez es producto de una perenne fé (llamado optimismo por otros) que me acompaña. Ó simplemente nace de un análisis superfluo basado en las conjeturas de un amigo escritor. Ciertamente, la adaptación es necesaria, siempre que no implique la renuncia a nuestro propio bienestar ó perjudique al conjunto. No podemos renunciar a lo que somos. Si lo intentamos, nuestro propio instinto de supervivencia se empeña en resaltar esos rasgos que nos definen y que algunas veces tratamos de negar. Luego, lo ideal es integrarse a una célula que comparta nuestros criterios, ó al menos, goce de la tolerancia y aceptación necesarios para que nuestro propio ser armonice con nuestro entorno, y respete los límites del mismo. Creo en la individualidad, más no en el individualismo.
Nuestra sociedad contemporánea predica a gritos la tolerancia. Esto es, porque a fuerza de aprendizaje empírico se ha demostrado que muchas veces escuchar y razonar evita cometer gran cantidad de errores que posteriormente lamentaremos sin derecho, muchas veces, a reparar ese daño. Y también a modo de conveniencia, ya que se ha comprobado que lo que hoy es minoría, puede que mañana se convierta en una gran mayoría y lidere la dirección de las células del conjunto. Sin embargo, aún muchas células de este conjunto se muestran reacias a la evolución de las mismas, ya que la tolerancia puede beneficiar los intereses colectivos pero suelen interferir con los individuales. De ahí que el prejuicio tan arraigado en ciertos sectores, suele ser propiciado por miembros que utilizan la tranquilidad rutinaria como arma de amedrentamiento en pro de su intereses personales. Así, algunas células permanecen durante un tiempo y parte de otro tiempo... sin embargo, están destinadas a perecer.
Sociedad + Tolerancia= Evolución → Adaptación → Supervivencia= Éxito


